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La Consejería como un Ministerio

Consejeria

"Bendito sea el Dios... de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios"

(2 Corintios 1: 3-4)

Desde el comienzo de la humanidad el aconsejar ha sido una forma de dar una opinión sobre algún asunto específico. Se puede utilizar el consejo para bien o para mal. En Génesis 3:1-6 podemos notar que la serpiente aconsejó a Eva a comer el fruto prohibido por Dios, lo cual implicó la desobediencia a Dios y caída del ser humano. La Biblia nos enseña que Dios es nuestro Consejero (Salmos 73:23-25; Proverbios 19:21; Isaías 9:6). Aconsejar no sólo es dar alguna opinión sobre un asunto, sino es algo más que eso, es consolar al que necesita de nuestra ayuda. Dios mismo nos da la pauta al decir que El "como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará a los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas" (Isaías 40:11). "Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil" (Ezequiel 34:16). El Señor Jesús nos enseña en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37) que nuestro prójimo es aquel que necesita nuestra ayuda. Hoy en día cuántas personas en nuestro derredor son heridas y maltratadas, violentadas y despojadas de la paz, sin el gozo de vivir una vida en plenitud, tal como quiere Dios. Nuestra sociedad actual está perturbada por tensiones, inseguridad, violencia de pandillas, ansiedad, desviaciones morales, infelicidad matrimonial y problemas de adolescentes. La pregunta a esta altura del camino es: ¿Quién les ayudará a vivir una vida plena?.

De todo lo mencionado líneas arriba se desprende que todos los creyentes en Cristo, que nos llamamos cristianos, estamos llamados a ser sus colaboradores del Reino; en primer lugar, porque fuimos rescatados por El del hoyo en que nos encontrábamos y esto sólo por amor, en segundo lugar, somos consolados por el Señor en cada momento de nuestras tribulaciones. Hay una correspondencia con Dios y con nuestro prójimo, pero desgraciadamente, muchas veces estamos muy ocupados con nuestros asuntos o cosas y somos como el sacerdote y levita de la parábola. Tan ocupados estamos que no atendemos a los que son heridos por problemas abrumadores. Es pues una tarea permanente del cristiano, el aconsejar y consolar a todo aquel que necesita una ayuda. Nosotros estamos en el mundo y vivimos en medio de todas estas personas heridas, son las ovejas del Señor. Esta tarea se convierte en un ministerio para todo cristiano, ya que el paradigma de nuestro quehacer es el ministerio de Jesús, no hay otro.

La consejería debe ser vista y entendida como una gran oportunidad que Dios nos brinda para ayudar a otros. Ser Consejero implica una relación entre por lo menos dos personas. Una de ellas (el consejero) busca ayudar a la otra (el aconsejado) a resolver y anticiparse a los problemas de su diario vivir. En el trabajo de consejería, el consejero cristiano busca aplicar la sabiduría de Dios a los problemas de la vida. El consejero cristiano en su tarea cotidiana se ocupará en ayudar a su prójimo:

  • Cambiar actitudes, acciones o valores;

  • Aprender habilidades, por ejemplo: Cómo relacionarse adecuadamente con las demás personas, cómo comunicarse, cómo estudiar o cómo orar;

  • Reconocer sentimientos de ansiedad, temor, soledad o ira;

  • Entender las causas de los problemas;

  • Tomar responsabilidad por cambios de conducta y de actitudes;

  • Reconocer el pecado, confesarlo y experimentar el perdón de Dios;

  • Tomar decisiones inteligentes;

  • Aceptar ayuda o estímulo y algunas veces dar apoyo a otros;

  • Reconocer y tomar alguna clase de acción con relación a futuros problemas que pudieran surgir; y

  • Aprender a crecer como un discípulo de Jesucristo.

Finalmente podemos decir que el Consejero también tiene un lugar muy importante en la vida del colegio. Desempeña un papel único en las ocasiones significativas el alumno. Los padres acudirán a él cuando los hijos causan problemas. El Consejero tiene la gran responsabilidad de aconsejar bien, con la verdad en las manos; de lo contrario las consecuencias serán funestas. El aconsejar no es fácil, es agotador, consume mucho tiempo, y a veces no se logra los objetivos propuestos. Pero vale la pena cumplir este ministerio tan necesario para el bien de los demás. Todo esto debemos hacer en el nombre de Aquel que "no vino para ser servido, sino para servir" (Mateo 20:28).

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