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La tarea pastoral

III. PSICOLOGÍA PASTORAL

1. Análisis de la iglesia como institución.

Para empezar diremos que la iglesia como institución realiza una psicología pastoral grupal, cuyo fin es la proclamación del Evangelio de Jesucristo y como resultado de ello: la conversión de las personas y el crecimiento de los creyentes. De ahí que la iglesia deba favorecer el proceso de ese crecimiento. Procurar en todo momento la conversión permanente.

Sin embargo, hoy en día la iglesia como toda institución social se ha burocratizado y como consecuencia de ello, quienes ejercen la pastoral también. El peligro de ello es que las personas llamadas a realizar la tarea pastoral hacen a la institución depositaria de muchos problemas o elementos enfermantes, y todos los que integran la institución son afectados. La tarea depende de estructuras, jerarquías, planes, presupuestos y personal especializado.

La iglesia que propicia el cambio de las personas debe a su vez propiciar el cambio estructural de la misma. La evangelización debe ser una tarea personal y social de la iglesia. Una persona restituida o sanada por el Evangelio debe congregarse en una institución sana, de lo contrario la persona llegará a enfermarse nuevamente. Muchas iglesias siguen con sus problemas y estructuras obsoletas, no se han abierto a la nueva realidad. Por lo tanto, no hay credibilidad en su proclamación, ni menos es un espacio de restauración espiritual y social.

Debe tenerse en cuenta que todo cambio de una institución a otra afecta la identidad de la persona que la integra. Este proceso de transición algunos no lo tienen claro y la iglesia lo suple, bloqueando su desarrollo.

De ahí que se deba tener en cuenta para el proceso de desarrollo de los creyentes lo siguiente:

  • El Culto dominical.- Este debe ser un encuentro comunitario de los creyentes y apuntar a su crecimiento espiritual.

  • Relación entre sí.- Preguntarse ¿cómo se relacionan entre semana?, ¿Conocen sus problemas?, ¿Oran por el uno por el otro?, ¿Se pueden alegrar por el otro?.

  • Actitud frente a los nuevos creyentes.- ¿Cuál es la actitud de los hermanos y hermanas frente a los nuevos creyentes?, ¿Son integrados plenamente los nuevos creyentes?, ¿Se reciben con buena disposición y alegría a las visitas?.

  • Liderazgo en la Iglesia.- ¿Qué tipo de liderazgo tenemos?, ¿Está lo suficientemente preparado?, ¿Saben resolver sus propios problemas personales?.

  • Relación entre los medios y los fines.- Saber clarificar los medios para realizar la tarea y no dejar que los fines se confundan.

  • Objetivos y responsabilidad asumida.- ¿Hemos establecido cuál es la relación entre ambos?, ¿Hacia dónde vamos o que queremos hacer?, ¿Quiénes lo harán?.

  • Proyección hacia la comunidad.- ¿Cómo se proyecta la persona hacia la comunidad?, ¿Qué responsabilidad tiene en su comunidad?, ¿Cómo nos ve la comunidad?.

Es bueno que la iglesia se tome un tiempo y haga un alto en el camino para examinarse a sí misma y corregir los errores que generan malestar y enferman a los que la integran. El proceso terapéutico pastoral debe ser una constante, para lograr una salud interior y contagiar a quienes vienen en busca de sanidad.

2. Psicoterapia y fe cristiana.

Para abordar este tema es necesario contestar la siguiente pregunta: ¿es posible una colaboración entre la Psicoterapia y la fe cristiana?. Aparentemente son dos campos diferentes, sin embargo, apuntan a un mismo fin: la restauración de la persona. Ante un mismo problema, los lenguajes se bifurcan, difieren, se separan. Enfrentando a condiciones y situaciones humanas variadas, extraen significados diferentes. Entre lo que la Psicología califica de trauma o dificultad psicológica, mantiene una diferencia profunda con el término pecado acuñado por la Teología. Una realidad es la catarsis y otra la conversión (metanoia). Hay diferencia entre una liberación psicológica y una salvación o liberación del Evangelio. De igual manera entre una reconciliación consigo mismo y una reconciliación con Dios.

La Psicología y la Psicoterapia componen una disciplina y una técnica de investigación científicas reconocidas. El objeto de la investigación así como de la terapia correspondiente, es la naturaleza psicológica del hombre. Procuran restablecerlo y sanarlo de sus desequilibrios, sacudidas y "complejos" psíquicos. También para afrontar positiva y exitosamente los traumas, dificultades, bloqueos e impedimentos que obstaculizan vivir de un modo libre, realizado, plena y gozosamente.

El ministerio evangélico de la PASTORAL -en un intento y esfuerzo científico y humanizador- ofrece un servicio basado en la autoridad y poder de Jesucristo. Se fundamenta en el Evangelio liberador, transformador y renovador de la humanidad y de la sociedad. El Evangelio es el anuncio positivo a hombres y mujeres pecadores, rebeldes, oprimidos, alienados. Involucra un juicio profundo y radicalmente crítico y positivamente transformador en Jesucristo. Simultáneamente se trata del anuncio de un perdón asombrosamente activo, efectivo y eficaz, que oferta (don, regalo, carisma) Jesucristo, un compartir una nueva vida, un nuevo nacimiento, una humanidad nueva, un mundo nuevo, una libertad y un poder nuevos.

¿Es acaso posible conciliar estas posiciones teológicas de la fe cristiana con las técnicas y teorías científicas de la Psicoterapia? Los contactos entre Psicoterapia y fe cristiana son inevitables.

Es necesario reconocer casos de hombres y mujeres que padeciendo psicológicamente y espiritualmente han recurrido a los servicios de un psicoanalista. Más aún, debieron, algunos, después de frustraciones que les hicieron comprender que la PASTORAL nada podía hacer por ellos ni ayudarles. Existen numerosos casos de pacientes que fueron humillados, juzgados o anulados por una apatía indiferente o por una inhumana hipocresía. Es cierto, sin embargo, que ese paciente pueda ser que halle soluciones superficiales en la Psicoterapia, diferente a lo que el Evangelio nos desafía y provoca. En estos casos el anuncio del Evangelio apunta a una penetrante reprobación, una aguda crítica y una profunda corrección del hombre y de la mujer en su totalidad. Por lo tanto, la PASTORAL no puede aceptar cualquier tipo de Psicología que pretenda construir una humanidad partiendo de presupuestos que ignoren, amortigüen o neutralicen al Evangelio.

La PASTORAL debe estar abierta a un uso de la Psicología y su preciso instrumental científico, buscando un constante diálogo y colaboración. En un mundo donde todo es relativo, la verdad y una fe genuina basadas en el Evangelio, es aún una alternativa vigente para la transformación de la persona y de la sociedad. El Evangelio irrumpe en esa realidad. Llama pecado (imposibilidad de ser persona) a todas las desesperadas resistencias psicológicas. Llama idolatría (profundamente deshumanizante) a todas las imágenes absolutas que el ser humano construye de Dios y la religión. Califica como falsas cualquier tipo de justificación o autoafirmación como absoluciones autónomas. Anuncia por todos los medios, instrumentos o canales, la noticia gozosa-liberadora-transformadora del amor de Jesucristo a través del perdón.

Por último, el Evangelio es el anuncio y la oferta concreta de una reconciliación con Dios, con el ser humano y extendida a toda la Creación. Es el genuino generador de la paz (Shalom), del verdadero amor (ágape) entre los que creen: y creer es comprometerse, es fidelidad, es trabajar, es dedicación (santificación). En ese ámbito la PASTORAL desarrolla su servicio. Servicio a todo hombre y mujer. En ese terreno ningún tipo de Psicología podrá substituirla.

3. La salud del encargado de la pastoral.

Este punto es importante tenerlo en cuenta, especialmente quienes ejercen la tarea pastoral. Es necesario haber alcanzado la madurez espiritual como la emocional e intelectual. Es decir, debe ser considerado sano (espiritual y corporalmente). Los conflictos son muy comunes en la vida cotidiana y por lo tanto determinan en gran parte nuestra conducta. Debemos saber llevar una vida en paz, armoniosa, dominar nuestros impulsos y llegar a controlar los conflictos. De lo contrario se producirán las tensiones y el descrédito de nuestra labor.

Para lograr ese estado de salud es necesario tener momentos de relax personal, de reflexión personal, de oración, de convivencia familiar. Por lo menos, una vez al año, hacerse un chequeo médico y psicológico. Tener una dieta balanceada, no estaría de más. Realizar una evaluación al final de la jornada. Procurar hacer un autoanálisis de uno mismo. Mirarse ante el espejo al comenzar el día y al final del mismo.

Llegar a un estado de madurez y mantener una buena salud es lo que permitirá realizar la tarea de una manera eficaz. Tal vez una pregunta que se hace todo encargado de la pastoral: ¿Cómo estar en paz con Dios, conmigo mismo y con mi prójimo, en medio de un mundo tan convulsionado y materialista?. En la Biblia encontramos muchas maneras de resolver este asunto y para lograr un crecimiento espiritual y el ajuste mental de la persona. En ella se nos describe una serie de conflictos humanos y los medios para resolverlos (Josué 1: 6-9; 1ª Samuel 17; Daniel 7; Mateo 11:28; Juan 8:32; Hechos 26 y 27; Romanos 8: 28.31-39; Filipenses 4:13).

Siempre debemos contagiar alegría y vitalidad en nuestras entrevistas pastorales, evitar contagiar situaciones enfermizas. Una vida en paz sirve mucho como testimonio. Nosotros somos instrumentos del Señor y debemos reflejar en nuestras vidas la verdadera plenitud de la vida, que es en Cristo Jesús.

4. La tarea pastoral de Jesús.

Todo el ministerio de Jesús podría ser dividido en dos tareas fundamentales: Una kerigmática, la proclamación del Evangelio y la otra terapéutica. Jesús, por un lado es el predicador y por el otro el pastor, el que cuida y cura las ovejas. Al enviar a sus discípulos, la misión es idéntica a la suya: "Predicar el Reino y sanar a los enfermos" (cf. Mateo 10: 7-8; Marcos 3: 14-16; Lucas 9:2). Después de la resurrección, Jesús recuerda a sus discípulos que tiene que cumplir con la doble misión de predicar y pastorear: "Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío" (Juan 20:21). Este encargo de Cristo a sus discípulos no es diferente hoy en día. No todos podemos predicar desde el púlpito, pero todos podemos predicar el Evangelio con nuestras vidas y todos podemos asumir una actitud pastoral con nuestro prójimo. Todos podemos dar frutos, de lo contrario somos como un árbol seco.

A lo largo del ministerio de Jesús se podrá observar que él manejaba el psicodiagnóstico, la psicodinámica y la psicoterapia. Él podía descubrir la condición de la mente humana, podía comprender las causas internas o motivos de la persona y al mismo tiempo lograba sanar los conflictos psíquicos. Pero bien sabemos que Jesús fue mucho más que un psicólogo, fue un pastor: "Yo soy el buen pastor, el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11).

Brevemente veremos la actitud pastoral de Jesús que nos sugiere el Dr. Jorge A. León en su libro "Psicología pastoral para todos los cristianos", la cual nos puede servir de ejemplo para nuestra tarea pastoral:

  • Dominio propio.- Este tipo de valor es practicado por Jesús en muchas oportunidades. Él sabía en qué momento debía frenar la agresividad de sus enemigos. No respondía con violencia a quienes pretendían sacarlo de sus casillas. Una blanda respuesta desbarataba toda mala intención. El libro de los Proverbios nos dice: "la blanda respuesta quita la ira; la palabra áspera hace subir el furor" (Proverbios 15:1). Si él se hubiese propuesto usar la violencia, recursos no le faltaban. Jesús era el pastor de todos (amigos y enemigos). No en vano había enseñado: "Amad a vuestros enemigos" (Mateo 5:44). Guardar silencio es muchas veces una actitud blanda, permite calmar los ánimos airados, para dar lugar a la reflexión. Para Jesús era muy importante ganar al que quería discutir con él, que ganar la discusión. Para lograr este tipo de dominio propio es necesario conocernos a nosotros mismos y que realmente amemos al prójimo. El ejemplo dado ante la mujer adúltera, dice mucho del carácter de Jesús (Juan 8:1-11).

  • El perdón.- Tomando el ejemplo del texto anterior, Jesús le dice: "¿Dónde están los que te acusaban?. Ni yo te condeno; vete y no peques más". Ante los ojos de Jesús esta mujer necesita ayuda, consuelo, comprensión, está arrepentida y quiere oír al Señor. Habría algo más para obtener el perdón divino?. En muchas ocasiones nos falta aprender de Jesús, el Maestro. Si Dios perdona, ¿por qué no nosotros?. Nos dejamos dominar por los prejuicios, del que dirán. De esa manera arruinamos nuestro ministerio pastoral, haciéndonos incapaces de ayudar a las personas que buscan solución a sus problemas cotidianos.

  • Amar sin prejuicio.- El amor de Jesús por el prójimo se da en su máxima expresión a lo largo de todo su ministerio pastoral. Él supo romper los prejuicios que se mantenían durante siglos. Un ejemplo real lo constituye el diálogo en el pozo con una mujer samaritana (Juan 4:1-42). Él se liberó de todo prejuicio, sea éste social o cultural, para recibir a la gente tal como eran, con el propósito de ayudarles a ser mejores. ¿Cuánto de ello practicamos diariamente?.

  • Dinamicidad de la vida.- La vida como tal tiene un proceso dinámico: lo que hoy es nuevo, mañana ya es viejo. La vida sigue su curso, no se detiene en el tiempo ni en el espacio. Después de la muerte, la vida continúa inexorablemente hacia un destino trascendente, va al encuentro con su Creador. Jesús entendía la vida como un proceso dinámico, nada la detiene. Si se detiene, no tiene sentido, pierde su valor y su razón de ser. En este proceso los cambios son señales de la dinamicidad de la vida, son necesarios para una renovación plena. La iglesia debe estar preparada para ello. En nuestra tarea pastoral debemos tener esta actitud pastoral de Jesús. Él es el agua viva del manantial que ha de correr en nuestro ser (Juan 7:38). Bebamos de esa agua ahora.

  • Fe y conducta.- Jesús se caracterizó por orientar la fe de la gente hacia un Dios único y verdadero. Esta fe genuina genera un tipo de conducta ejemplar. Él fue el ejemplo viviente para todas las personas. El mensaje de Jesús tenía como propósito llegar a las raíces del mal y modificar la conducta de la persona. Ante diversas situaciones no le importó las diferencias individuales o sociales, ni el tipo de pecado cometido, sino la persona como tal y su situación real, para acercarla a Dios, a Su reino, como la nueva noticia teológica. No basta afirmar que somos cristianos porque observamos buena conducta. Tenemos buena conducta porque somos cristianos. Somos fieles a la persona de Jesucristo y eso nos hace verdaderos cristianos. Este asunto es importante tenerlo en cuenta, ya que el hombre contemporáneo no es que haya dejado de creer en Dios, sino que ha dejado de creer en la Iglesia como institución. Nuestra tarea fundamental es comunicar el Evangelio al hombre y a la mujer, cualquiera que sea su situación. El mandato de Cristo no es moralizar, sino predicar el Reino con nuestras vidas y palabras. En esto consiste el ministerio pastoral.

  • Reconocimiento de la realidad de Satanás.- Jesús se encargó de demostrar que el Mal existe y está personificado en Satanás. En ningún momento él soslayó esta realidad. Enseñó que este Mal se mantiene activo en el mundo y pretende esclavizar a la humanidad entera. En nuestra tarea pastoral nos vamos a encontrar con personas que niegan la existencia del mal y de Satanás. Ante esta situación debemos salir al frente y desenmascarar la patraña del maligno.



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