Teología hecha por el pueblo (*)
- Índice del artículo
- Introducción
- I. Características de una teología por el pueblo
- II. Perspectivas
Por: Rev. Jorge Bravo C.
Introducción
Hoy en día estamos conscientes de que el quehacer teológico no puede ignorar al pueblo en todas sus angustias y vivencias existenciales de pobreza y humillación por parte de los que tienen el poder.
Dios mismo al hacer el pacto con Abraham (Génesis 17:1-8) señala su voluntad de conformar Su pueblo y establece su relación con él: "vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios..."
Jesucristo al anunciar su ministerio (Lucas 4:16-21), pone énfasis en el tipo de misión que va ha realizar: un ministerio popular, no tradicional, con los pobres, marginados y oprimidos de la tierra.
Lamentablemente la Iglesia ha descuidado muchas veces este sentido popular en su misión y más bien se ha comprometida con los sectores privilegiados de la sociedad, olvidando los grandes conflictos existenciales del pueblo sufriente.
Gracias a la influencia del Espíritu Santo en la vida de las comunidades de fe, éstas han ido incluyendo, en su reflexión y quehacer, al pueblo sufriente, a través de diferentes maneras y han ido optando diversas actitudes, tales como: la defensa de la vida; la promoción y defensa de los Derechos Humanos; la solidaridad con el pobre y marginado; proclamación y práctica de la justicia, el amor y la paz; denuncias de todo tipo de violación que atenta contra los pueblos.
Un fenómeno que ha motivado este compromiso solidario en las comunidades de fe, es la irrupción de los pobres y marginados en la vida de ellas y en la sociedad.
Ahora bien, esta reflexión surge en medio de un pueblo sufriente, hambriento y sediento. Sufriente, porque son siglos de dolor que caracteriza a nuestro pueblo desde la época de los conquistadores europeos hasta los actuales gobiernos, representantes de los intereses de las grandes potencias de turno. Hambriento, porque el pan no llega a la más humilde mesa, muchos se la pasan sin probar un trozo de pan durante el día. De esa manera, muchos de nuestros niños van a estudiar y nuestros mayores a trabajar. Otros sin embargo, se mueren cada día. Hay hambre en todo el sentido de la palabra; hambre del pan material, pero también hay hambre espiritual, nuestro pueblo necesita alimentarse del pan de vida que es Jesucristo. Sediento, porque el elemento vital, el agua, no llega a sus cántaros. La deshidratación es un flagelo para muchos pueblos humildes; muchos niños mueren por causa de esa enfermedad. Asimismo, nuestro pueblo está sediento de la Palabra de Dios, quiere beber del manantial de la vida eterna.
De esta manera, nuestro quehacer teológico está influenciado por la vida cotidiana de nuestro pueblo, el cual ha irrumpido en el seno de nuestras comunidades de fe. Nosotros, los agentes pastorales, no podemos ignorar esta situación, debemos compartir con ellos una teología para la vida y no para la muerte. Es por eso que pretendemos bosquejar algunas pautas para una teología por el pueblo.
















