Poemas
En mi experiencia con Dios surgieron estos poemas:
¡ABRID, PUERTAS DEL CIELO!
Señor, Creador de los cielos y la tierra,
Abrid las puertas de la bóveda celeste.
Que lluvias de bendición caigan sin fin,
A mis huesos que se secan día tras día.
Como árbol plantado en el desierto gris,
Aún estoy de pie esperando la lluvia,
Que ha de refrescar mis sedientas raíces.
Ya todo mi ser ansía beber de Tu pozo.
Mira mis hojas, una a una, se secaron,
Al pasar cada ventarrón con fuerza cruel,
Sacudiendo toda mi vida y mis ilusiones.
Sólo Tú, oh Dios, puedes hacerme retoñar.
Abre ya, oh Señor, las puertas celestiales,
Refresca mi sedienta alma de tu amor,
Que al retoñar vuelva a dar bellos frutos,
Como maná para todo el que no te conoce.
¡VENGAN TODOS!
Vengan, vengan pronto todos, hoy
A escuchar una noticia grata
Que ocurrió en lo profundo de mi ser.
Solo y desesperado me encontraba
Perdido en el mundo y en tinieblas,
Sin ninguna luz que guiara mis pasos.
Fue un día, ese gran día en mi vida,
Que mi mente y corazón cambiaron,
Cuando conocí al Señor Todopoderoso.
Hoy, que en mi vida hay paz y amor,
Te puedo decir que Jesús es el Salvador,
Nadie más te salvará, sólo Él lo hará.
Mira mis heridas, cicatrices son ya,
El amor de Dios restauró todo mi ser,
Una vasija nueva soy en sus manos.
Pon también tu confianza sólo en Él,
Y verás que el Señor hará maravillas,
En tu vida quebrada y atormentada.
Recuerda, no hay vida plena sin Él,
No hay justicia y paz sin Su amor,
Acéptale ahora, no mañana, sólo hoy
AL BORDE DEL ABISMO
¡Me salvaste Señor, una vez más del abismo!
Mi corazón se regocija y mi alma se alegra.
Todo mi ser vibra de emoción por tu bondad,
Nadie podrá callar mi canto y grito de alegría.
Como antes en el pasado libraste a tu siervo Noé,
De las frías y tormentosas aguas del diluvio.
Con mano poderosa salvaste a tu hijo Moisés,
Cuando al borde del abismo Faraón venía por él.
El fuego y leones feroces amenazaban a Daniel,
Tú viniste en su pronto auxilio para liberarlo.
Tu siervo y rey David sufrió horrible persecución,
Pero tú acudiste en su rescate con mano poderosa.
Ahora yo soy uno más en esa lista de salvación,
Muchos otros también tuvieron ese privilegio.
Gracias Señor por concederme sentir tus brazos,
Y saber que tu eres mi refugio y salvación eterna.
















