Testimonio
- Si el mundo es nuestra parroquia, esto implica que somos el ejemplo del mundo.
- Si tu pareja ya no es la compañera idónea en tu vida, no té queda más que dos alternativas a elegir: aguantar hasta lo sumo todas sus locuras o esperar que las circunstancias te liberen de ella.
- Los cristianos somos pequeños manantiales diseminados en el mundo, con el único propósito de regarlo con el agua viva que es Cristo.
- Los hijos son las mejores joyas que Dios nos pueda regalar.
- La vida es el gran teatro del mundo. Todos, sin excepción alguna, estamos obligados a ponernos la careta para actuar.
- La historia salvífica tiene dos dimensiones: la primera, en los proyectos del hombre no hay lugar para Dios; la segunda, en los proyectos de Dios siempre hay lugar para el hombre.
- Si pude descubrir un nuevo horizonte y alcanzarlo en la vida, es porque fui capaz de sacar la cabeza de en medio de la mediocridad.
- Si alguien me preguntara: ¿Quién soy yo?, respondería sin vacilar: ¡Yo soy obra de la misericordia de Dios!
- Estoy convencido de que Dios me creó para hacer grandes cosas y trascendentes en este mundo. Los dones y talentos recibidos de Él, a su tiempo plasmarán dicha obra.
- El buen testimonio es inherente al ejercicio de la autoridad. Sin él se pierde toda autoridad.
- Nuestra vida es como un árbol, cuyas raíces representan nuestro pasado, el tronco es el presente, y el futuro son los frutos que hemos de dar. De las buenas raíces y de lo fuerte que sea el tronco, dependerán los frutos a obtener.
- La humanidad y la espiritualidad del ser humano son de una misma esencia que provienen de un solo Creador. Lo que varía y hace la diferencia son sus formas externas de expresión y de relación con su entorno social.
- En mi constante relación con Dios en oración, he descubierto que muchas veces Él responde de manera sobrenatural. Las señales pueden ser: un par de palomas en nuestro caminar; una mariposa revoloteando sobre nuestra cabeza; una niña que se acerca para darnos un pañuelo para enjugar nuestras lágrimas; la mano de un amigo que nos levanta del suelo; sueños premonitorios; un texto bíblico para leer en una situación difícil; un cheque inesperado que llega a nuestras manos; un mar que se abre de par en par; un maná que cae del cielo; murallas que caen al sonar de las trompetas; un viento recio que sopla; una voz que se escucha en medio de la soledad. Son todas esas cosas, códigos sobrenaturales que sólo se pueden descifrar en comunión plena con el Señor.
















