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Esperanza en medio de la tristeza

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(Lucas 1:5-25)

El evangelista Lucas nos describe una realidad social de Jerusalén en la que un rey llamado Herodes explotaba al pueblo y era sanguinario, un rey servil a los intereses del imperio romano, lejos de la voluntad de Dios de procurar la paz y la justicia para todo el pueblo. Por otro lado, nos describe que en medio de esa situación de injusticia y de desesperanza, vivía una pareja, Zacarías, sacerdote del templo y su esposa Elisabet, descendiente de una familia sacerdotal, ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. Todo lo contrario al rey Herodes. ¿Cuántas parejas como ellos podemos encontrar hoy en día?

En esa situación, había una tristeza, ellos no podían tener hijos. Elisabet era estéril, y además, ambos eran demasiados viejos. Seguramente, la desesperanza rondaba por su casa, la tristeza por no poder tener descendencia era evidente. Sin duda, que por mucho tiempo habrían clamado a Dios por un hijo, pero la respuesta no llegaba y el tiempo pasaba inexorablemente. Tal vez mucha gente se burlaría de ellos y de su fe en Dios, al no haber respuesta alguna. Algo parecido nos recuerda la historia de Ana, la madre de Samuel. En realidad era una situación complicada, por un lado fieles al Señor y por el otro, no tenían una respuesta inmediata de su Señor a su necesidad. Muchas veces, nosotros también pasamos por estas pruebas y no sabemos entender la voluntad de Dios. ¿Cómo tener esperanza en medio de la tristeza?.

De pronto, el tiempo de Dios llega. Zacarías en su rutina de ir al templo y ofrecer el incienso, recibe la visita del ángel Gabriel quien le anuncia una buena noticia de parte del Señor: "Tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan..." ¡Qué grata noticia! El Señor se acordó de sus siervos y escuchó su clamor, su tristeza será convertida en gozo y alegría. Ellos darán testimonio a los demás de que para Dios no hay nada imposible. La noticia viene con nombre, el hijo se llamará Juan. La fe y la esperanza tiene frutos, la bendición de Dios es una realidad. Él no falla, cumple sus promesas. ¡Cuánta falta hace esta experiencia de fe y esperanza en la mayoría de los creyentes! Muchos no saben esperar la respuesta de Dios, se desesperan y al final se olvidan de Dios.

Zacarías en un primer momento no cree lo que está viendo y escuchando, como nos sucede a muchos de nosotros cuando ocurre algo extraordinario de parte del Señor. En principio, Zacarías tenía razón, son de edad muy avanzada, y según la ciencia de su tiempo es imposible procrear a esa edad. Pero, para que no haya duda de lo que está ocurriendo, el ángel se identifica, se llama Gabriel, quien ha sido enviado por Dios para darle las buenas nuevas. Es una grata noticia en medio de la tristeza y la desesperanza, no solo para ellos, sino para el pueblo. Las promesas, las profecías, empiezan a cumplirse y hacerse realidad. ¡Cuánto tiempo de espera! El Señor en su tiempo o kairós responde. Hoy más que nunca necesitamos creer y tener fe en que Dios ha de cambiar nuestra tristeza en gozo y nuestra desesperanza en esperanza.

Después de esta experiencia, Zacarías va a casa a contarle a Elisabet la grata noticia recibida por el ángel del Señor. ¿Cómo habría recibido ella esta noticia? ¿Qué habría sentido en su interior? ¿Cuánto gozo le habría causado esta noticia? Sin duda que es inimaginable. Nos dice el evangelista que después de un tiempo Elisabet salió embarazada y dio testimonio: "Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres" Ahora la tristeza y la desesperanza se han convertido en gozo y alegría. En su interior está el cumplimiento de la Promesa. Ahora, ella podrá clamar a viva voz que para Dios no hay nada imposible. Ella es testigo de ese gran milagro.

En estos días, que pareciera imposible que hechos como los que nos narra la Biblia se vuelvan a repetir, esta historia debería darnos la esperanza y la confianza de que Dios está actuando en medio de nuestra tristeza y desesperanza. Que Él cada día está enviando a sus mensajeros para darnos la gran noticia. ¡Es cuestión de creer y esperar en Dios Todopoderoso! ¿Cuánto de eso podemos dar testimonio, hoy? Que en estos días de Adviento y Navidad donde solemos recordar esta historia, el Señor nos ayude a cambiar nuestra tristeza en gozo y nuestra desesperanza en una esperanza con propósito. Amén.

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

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